Mi color es el amarillo Esta semana se han realizado en muchos campos europeos distintas actividades y jornadas enmarcadas en el séptimo año que se celebran desde que se creó la FARE (fútbol contra el racismo en Europa), en la que año tras año la familia cadista ha participado y participa todos los domingos con su actitud educada y tolerante propia de una tierra como la nuestra. En el año 1958, en el mundial de Suecia, un chico de 17 años se convirtió en su máxima figura y llevó a Brasil a ganar el campeonato del mundo con actuaciones y goles prodigiosos, al recibir la copa lloró como un niño, ante el aplauso de los miles de suecos que se encontraban allí. Se llamaba y se llama aún, Pelé, era y es negro, en unos años convulsos por temas raciales, nadie se fijó en su color de piel sino en la manera como jugaba. El deporte pudo con el racismo vigente. Más tarde a la gran lista de jugadores, se unieron Cruyff, holandés y de raza blanca, y se consagró como el mejor jugador del mundial, luego llegó Maradona, argentino e hispano, y por último otra gran figura como Zidane, hijo de inmigrantes argelinos. Todos ellos vencieron al racismo con el deporte, con el fútbol. Y llevaron a todos aquellos que los vieron a comprender que el fútbol no tiene color y es un deporte donde todas las razas pueden convivir. Hace ahora cinco años que en el Carranza se vivieron los últimos gritos racistas, fue en un partido de Copa contra Osasuna, contra Webó, todos los que nos encontramos allí sentimos una gran vergüenza al comprobar algo tan denigrante como ese grito imitando a un animal, una comparación odiosa que califica a quién la hace. Carranza se ha convertido en un campo en el que el respeto por cualquier raza se hace patente, y así se reconoce entregando domingo tras domingo una carta contra el racismo para jugadores del otro equipo. Pagar una entrada nos permite ver un espectáculo, animar a nuestro equipo, pero nunca insultar a nadie por su forma de pensar, religión, condición sexual o raza. ¿Se imaginan que fuéramos al teatro o al cine y cuando apareciera un negro imitáramos el sonido del mono? Ridículo… ¿verdad?, en el fútbol también lo es. Una persona lanza por la boca lo que habita en su corazón, el buen gaditano es noble de corazón. Durante las olimpiadas de 1936 de Berlín, Hitler hizo todo lo posible para ridiculizar a todos los atletas de raza negra, el creía que pertenecía a una raza superior, hubo una campaña tremenda en la prensa, hablando de razas inferiores y viendo la similitud que había entre los animales y los negros. Jessie Owen, atleta negro de Estados Unidos, ganó cuatro medallas de oro, 100 metros, 200, salto de longitud y relevos, y batió records que duraron 25 años, su gran competidor alemán, en la última prueba levantó el brazo de Jessie y le aplaudió, todo el estadio olímpico en pié hizo lo mismo, Hitler abandonó el estadio. El deporte volvió a vencer al racismo. Seguro que nadie ese día pensó en el color de piel de Jessie, ese día nos representaba a todos. En el Carranza el único color que distinguimos es el amarillo. No hay para el buen aficionado cadista otro color. A otros aficionados y a otros jugadores no lo vemos de diferente color. Negros, mulatos, orientales, blancos, hispanos todos serán igualmente respetados y no serán discriminados por su color. Hoy son nuestros contrarios en el terreno de juego, al terminar los 90 minutos serán nuestr@s amigos. Cádiz, siempre ha sabido acoger a todas las culturas y razas, y así se seguirá haciendo. Todos somos diferentes, pero a la vez iguales en respeto y derechos. Al final del partido, todos serán un gaditano más. Continua animando en tu estadio, y vence al racismo como lo estás haciendo, con respeto y tolerancia, sigue mirando al campo y viendo lo que hay 22 personas que juegan al fútbol, el color… el amarillo por supuesto.
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